La “S” no es de nadie
La colaboración debería ser la clave en el debate público sobre la Economía Social en España. Sin embargo los últimos movimientos legislativos han puesto de manifiesto una tensión que merece nuestra atención: la tendencia a crear fronteras internas en un sector que, por esencia, debería destacar por su carácter inclusivo y colaborativo.
Dos ejemplos recientes ilustran esta realidad:
- El Proyecto de Ley integral de impulso de la Economía Social, que plantea excluir a los Centros Especiales de Empleo (CEE) de iniciativa privada.
- La Ley de Residuos y Suelos Contaminados y el Proyecto de Real Decreto por el que se regulan los productos textiles y de calzado y la gestión de sus residuos, que establecen diferencias entre operadores de la economía social y el resto, reservando beneficios para los primeros, y dejando fuera de la economía social a entidades que, conforme a la legislación específica, forman parte de ella.
En ambos casos, el resultado es similar: marcos que, sin necesariamente mejorar el impacto social, pueden generar divisiones en un ecosistema que obtendría mejores resultados colaborando que compitiendo por etiquetas.
🏷️ Más allá de las etiquetas: CEE “ordinarios” vs. CEE de “iniciativa social”
La diferencia oficial entre ambos tipos de centros se centra fundamentalmente en la entidad titular de los mismos y en el destino de los beneficios:
- Los CEE de iniciativa social reinvierten sus excedentes en el cumplimiento de sus fines sociales, sin distribuirlos entre socios o accionistas.
- Los CEE ordinarios pueden distribuir beneficios, manteniendo igualmente el cumplimiento de estrictas cuotas de empleo para personas con discapacidad y otras obligaciones de inserción laboral.
Sin embargo, desde nuestra experiencia en Bsocial, esta diferencia formal tiene menos impacto práctico del que podría esperarse. La gestión contable permite canalizar resultados de múltiples formas, y el destino de los beneficios no garantiza automáticamente mayor calidad en la atención, mejores condiciones laborales o un compromiso superior con la empleabilidad.
Lo que realmente define la contribución social de un Centro Especial de Empleo, es cómo ejecuta su misión, cómo trata a su equipo y qué impacto genera en su comunidad, independientemente de su forma jurídica o de su adjetivo en la calificación.
⚠️ Los riesgos de la fragmentación
Cuando categorizamos actores según quién tiene “más derecho” a ser considerado economía social, quien es “más bueno”, enfrentamos dos riesgos importantes:
1. Debilitamiento de la colaboración. La competencia interna desvía energía de lo verdaderamente importante: generar empleo de calidad e impacto social positivo (desde la perspectiva de las personas a las que supuestamente impactamos). En un sector donde los recursos son limitados, la cooperación multiplica las posibilidades de éxito.
2. Pérdida del foco en las personas. El objetivo central debe ser la inclusión laboral y la mejora de vida de quienes más lo necesitan, no la clasificación administrativa de las organizaciones que lo hacen posible.
En el ámbito del reciclaje textil, esta lógica cobra especial relevancia: el desafío de la sostenibilidad textil es de tal magnitud que requiere la participación de todos los actores capaces —sociales, privados, cooperativos— para construir un modelo circular que funcione a escala real.
💚 La “S” como compromiso compartido
La “S” de social no es una distinción exclusiva ni un privilegio reservado. No pertenece a un grupo específico, ni a una estructura administrativa particular. No debe ser un monopolio.
La “S” representa un compromiso colectivo con el impacto positivo. Es el resultado de sumar esfuerzos de quienes, desde diferentes modelos y enfoques, trabajan para aportar soluciones efectivas a los grandes desafíos sociales y ambientales de nuestro tiempo.
Por eso, la altura de miras es fundamental. Se trata de sumar capacidades, no de excluir; de colaborar, no de etiquetar; de expandir el ecosistema social con todos quienes puedan y quieran contribuir.
🚀 Una oportunidad de liderazgo
España tiene la oportunidad de liderar un modelo de economía social verdaderamente inclusiva, donde la diversidad de formas jurídicas y enfoques se vea como una fortaleza, no como un problema a resolver mediante exclusiones.
En el sector del reciclaje textil, esto es especialmente relevante. Necesitamos aprovechar la experiencia y capacidades de todos los actores —desde las tradicionales empresas de inserción hasta otras iniciativas que llevan años haciendo un trabajo muy profesional con criterios de rentabilidad— para construir soluciones que estén a la altura del desafío.
El impacto social no nace de las etiquetas, sino de las acciones. Y para que esas acciones tengan la fuerza transformadora que necesitamos, la cooperación es más efectiva que las barreras.
🤝 Tu experiencia también cuenta
¿Qué opinas sobre la colaboración entre diferentes tipos de entidades sociales?
Nos interesa conocer tu perspectiva:
- ¿Has participado en proyectos donde colaboraran CEE de diferentes tipos?
- ¿Qué experiencias positivas de cooperación entre sector social y privado has observado?
- En tu ámbito, ¿cómo se podría mejorar la colaboración para generar mayor impacto?
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